La carrera como marinero en un viejo buque mercante de nuestro amigo Cali estuvo sin duda plagada de numerosas y emocionantes aventuras, pero si hay una que merece ser contada por encima del resto, esta es sin duda la que narra su encuentro con lo que estaría llamado a ser su mascota...
El viejo cargero llegó al puerto de Vishapatnam una fría mañana de Diciembre. La emoción ante la posibilidad de visitar nuevos antros repletos de fulanas, opio y exóticos y sabrosos pinchos embargó a Guillermo. Decidió vender algunos de los valiosos y brillantes objetos que escondía celosamente bajo el mugriento colchón de su camarote (y que había ido hurtando alrededor del mundo durante sus viajes) para satisfacer sus necesidades. Mientras deambulaba por las oscuras calles de la ciudad degustando una lata de fabada litoral (que le recordaba a su añorado hogar) un misterioso viejo surgió de entre las sombras.
- Los hombres con los que viajas te llaman Kali, sin duda eres el hombre del que hablan nuestras escrituras, le susurró al oído. El que descenderá a las profundidas para enfrentarse a los abominables perros-rata que vagan por las oscuras grutas de nuestras cuevas.
Dicho esto, le tendió un viejo mapa y desapareció de forma tan misteriosa como había llegado. Guillermo ,sintiéndose abrumado por tanto misterio, no había entendido nada de lo que le había contado puesto que no hablaba Indú. Se mesó el bigote contemplando pensativamente aquel mapa. Parecía no tener el valor suficiente como para incluirlo en el anticuario que pensaba abrir a su vuelta, por lo que decidió viajar al punto señalando en el mapa a la búsqueda de antiguos y brillantes artefactos que incluir en su colección. El punto señalado en el mapa parecía ser una vieja cueva cuya entrada había quedado sellada por un desprendimiento años atrás . Se estaba tensando los tirantes preparándose para comenzar a desbloquear la entrada cuando un niño se le acercó.
- Se cuenta que cientos de años atrás unos perros pertenecientes a unos colonos ingleses quedaron bloqueados en estas cuevas, le dijo, su única opción para perpetuar su especie fue reproducirse con las ratas y vampiros que vagaban por estos túneles. El resutado fue una afrenta los diosos: obscenas monstruosidades ciegas con cerebros atrofiados por el frío y la oscuridad a los que oímos aullar por las noches pidíendonos que acabemos con sus vidas. Si no quieres hacer enfadar a los dioses mantente alejado de este lugar.
Nuestro intrépido protagonista, que seguía sin entender nada ya que como hemos dicho no hablaba indú, decididío pegarle un par de tollinas para que su fuera a su casa a molertar a su abuela y continuo con su titánica labor. Tres días y tres noches tardó Guillermo en despejar la entrada. A partir de este punto las crónicas se vuelven confusas, hay gente que asegura que nunca salió de aquellas cuevas , otros que en realidad se quedó en todo el tiempo en un burdel del puerto, aunque otros aseguran haber visto a Guillermo saliendo de aquellas cuevas con una montruosa criatura a la que acurrucaba entre sus brazos susurrándole cosas al oido, dicen algunos que al mirarla fijamente te sangraban los ojos... Pero como ya he dicho, esto sólo es una historia... ¿O tal vez no?